
Este mes que termina me ha enseñado algo inmenso: soy capaz de lograr más de lo que alguna vez imaginé.
He comprendido que los límites no están afuera, sino en nuestra mente. Somos nosotros quienes construimos barreras y nos detenemos frente a lo que solo nuestros ojos pueden ver, sin atrevernos a mirar más allá. En un primer impulso, solemos pensar en negativo, en lo que creemos imposible. Pero la realidad siempre puede sorprendernos de manera grata y memorable.
Abril me mostró que los sueños sí se cumplen cuando tenemos fe, propósito y determinación. Aprendí que cuando una puerta se cierra, otras mil se abren; que no todos los que dicen ser tus amigos realmente lo son; y que a veces es mejor trabajar en silencio y dejar que los resultados hablen por uno.
También entendí que todo pasa por algo. Que cuando alguien se aleja de tu vida, lejos de hacerte daño, te libera. Dios siempre está delante de cada prueba, guiándonos incluso cuando no lo entendemos.
Hoy sé que los límites solo existen en la mente. Los verdaderos amigos son aquellos que te empujan a salir de tu zona de confort, a creer en ti mismo y a sanar las heridas del amor propio, la tristeza o la culpa. Si yo pude, tú también puedes.
El fin de semana pasado caminé 7 kilómetros en la Ruta del Capo. Y créanme, nunca me había sentido tan viva, tan fuerte. Siempre creí que mis piernas no podrían, pero para sorpresa de muchos —y sobre todo para mí misma— esta gordita pudo. Y entendí algo importante: si pude con eso, puedo con mucho más.
Mi consejo para ti esta semana es simple:
No te limites por miedo a intentar. La zona de confort puede ser cómoda, pero también puede convertirse en una jaula. Atrévete a hacer algo nuevo: llama a esa persona que te gusta, sal a caminar, empieza a ejercitarte, acepta ese nuevo trabajo o comienza ese proyecto. La vida es un riesgo constante. Y solo quienes se atreven a cruzar sus propios límites logran alcanzar las cimas más altas.

