Así opinan
¡Para encontrarse, primero hay que perderse!
Por: Mariano Alfonso Sierra. Docente programa Administración de empresas turísticas y Hoteleras, Universidad Popular del Cesar

Las primeras 60 páginas de Cien Años de Soledad —ese libro que el mismo Gabo describió como un vallenato de 360 páginas— fueron la semilla del sueño de los hermanos Santiago. Un sueño que hoy, anclado en el Caribe y bordeado por aguas dulces y saladas, se levanta como el Laberinto Macondo, un lugar que se visita, pero sobre todo, que se vive.
El primer laberinto natural de Colombia y uno de los más grandes de Latinoamérica ofrece a propios y visitantes una ruta que invita a perderse, a dejarse llevar, a reencontrarse con la historia y con uno mismo. Un sendero donde la travesía y el relato se abrazan, recordándonos que Macondo no solo se lee… también se camina.
La idea germinó en 1992, pero su materialización tomó forma después de la pandemia. En 2022, tras cuatro años de espera, la experiencia abrió sus puertas para convertir el mito en territorio, el cuento en destino, la imaginación en paisaje.
Su recorrido está inspirado en Macondo, ese pueblo ficticio que retrata al Caribe colombiano con todos sus matices: su gente, su magia, su caos, su música y su manera tan particular de existir. Y así como en la novela, en el laberinto la vida también nos recuerda que perderse es la única forma de encontrar el camino. No es coincidencia que hoy ese mismo camino nos traiga hasta aquí, justo aquí y justo ahora.
La experiencia está compuesta por dos laberintos:
• El Laberinto Macho
Una invitación a encontrar la salida.
Una analogía de perdernos entre nosotros mismos.
Un túnel verde donde lo racional guía los pasos, donde la mente se convierte en brújula.
• El Laberinto Hembra —el laberinto de piedra
Un espacio donde la herramienta principal son las emociones.
Aquí no existen barreras físicas, ni tiempo, ni distancia.
Es un recorrido espiritual y reflexivo que simboliza el viaje de la vida: del presente al pasado, del afuera al adentro, del mundo al útero materno. Caminarlo descalzo es un acto de conexión profunda con la tierra, una pausa para agradecer cada bendición y también cada obstáculo que nos trajo hasta este momento y lugar.
“Por fortuna, Macondo no es un lugar, sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver y verlo como quiere.” Gabriel García Márquez
La Atarraya, el Árbol Macondo, la Casa Aracataca, el bote encallado, la Sierra Nevada y la Casa Kogui son, para mí, la representación de los cinco sentidos. Porque de ellos dependerá que este viaje de perdernos no sea solo un recorrido, sino una verdadera travesía.

