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Cirirí Del Jirafo

El Mago Del Voltaje

Escrito por Alberto Muñoz / @albertomunozpen / elhijodedonjulio@gmail.com

Con motivo del proceso eleccionario de 1997, la campaña política fue intensa, agobiante y riñosa, extendiéndose a la gestión de gobierno que inició el 1 de enero de 1998. Desde esa misma fecha disfruté treinta (30) días hábiles de vacaciones cumplidos los cuales retorné al ejercicio funcional en la Lotería La Vallenata. Era febrero, los ánimos estaban caldeados y a quienes acompañamos la aspiración de la Cacica Consuelo Araujonoguera, seguían llamándonos “trinitarias” con presión asfixiante, injusta y desesperante, que derivó en el retiro de un número elevado de compañeros.

Poco a poco fue completándose el equipo con el arribo de nuevos integrantes, uno de los cuales comenzó desde los primeros días del año para hacer un periodo vacacional al encargado del presupuesto, y a la postre continuó en ese cargo por tiempo indefinido. Un joven profesional calladísimo al principio, tanto, que el vigilante Antonio Moya, se refería a él como el nuevo, o, el mudito del tercer piso, porque no se conocía el almendronazo que resultó ser.

Poco a poco fue saliéndose del cascarón, destacándose como funcionario eficiente y haciéndose querer sin vacilaciones, de manera tal que todos querían ayudarle. Cuando inició su aclimatación laboral era explícito en todo lo que tenía que ver con posibilidades de aumento salarial, reconocimiento y pago de las situaciones administrativas y decidido colaborador. Con el tiempo, dio un paso trascendental en su vida y, contrajo nupcias con una cartagenera, como consecuencia de lo cual se incrementaron algunos gastos personales y familiares.

Una mañana soleada, mostró gran preocupación paseándose de un lado a otro con el recibo reciente del servicio de energía eléctrica: un platal, con tendencia a aumentar mes tras mes. Me tiene fregado es el aire acondicionado porque el calor la atormenta, no sé qué hacer para equilibrar la cuestión. El belenero, Armando Aguilar, le sugirió buscarse un ingeniero eléctrico que lo ayudara en eso, pero el hermano de Guido, atento como siempre en la defensa del proletariado, el empleo de la mano de obra calificada nacional y el buen uso del abono artesanal de Rio Seco “con nutrientes naturales incorporados a la base de boñiga y bagazo, con gotas de vermífugo para la desparasitacion del terreno”, exigió que se tuviera en cuenta para esa labor tan delicada, al jefe de locativas, Raul Perez, albañil, maestro de obra, electricista, plomero, carpintero, ebanista estafeta, si se requería. No hay problema, pero me toca hacerle un examen de conocimientos. Abel Alfonso lo buscó y al llegar, como loro amaestrado, se expresó: Dr Daza Mendoza, hay una diferencia abismal entre voltaje y batiaje. Si media el amperaje, no se necesita calibrador y en ese caso, por gravedad -con o sin plomada- el aire consumirá menos y disminuirá al mínimo el valor del consumo. Este es el mío, dijo el recién casado.

El gran dia

Al siguiente día, desde las cinco de la mañana, que se encarapitó, hasta la prima noche, el héroe del cinco de enero realizó el trabajo. Todo en la casa mejoró, el acondicionador de aire, la licuadora disminuyó en ruido, la plancha dio lugar a faenas memorables de planchado sin parar, los bombillos clarificaron el espectro interior y la gran revelación fue la nevera, convertida en glaciar a bajísimo costo. No hubo ahorro en los calificativos a Raucho, se cotizó al interior de la empresa y en el vecindario, mientras su recién designado manager no daba abasto para el rosario de visitas técnicas de “redención eléctrica a cambio de pocos pesos” como lo publicitaba Verdecia Montero,corp.

Por fin, llegó el primer recibo después del trabajo realizado. Menos de sesenta mil pesos,  fue cancelado, y con breve parte del excedente ahorrado, brindada una picada, de las de Eutaquia, dándole las porciones tubulares de chinchurria al nuevo rey de la electricidad. Todos queríamos retratarnos con el hombre que desbancó a Chemita Nuñez, al Perico y a mi tío Beto Castro, del título mayor como electricista. La dicha se extinguió al día siguiente. Migue Daza, con aflicción indescriptible y pesadísimas lágrimas, atascadas en sus pliegues faciales, contó con valentía y desazón, que el vecino le demostró, recibo en mano, que el incremento ostensible en su servicio correspondía al consumo de “la electrodomestiquera” suya. Mi consumo ha sido el mismo siempre.

Raul había hecho la más fácil…

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