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Así opinan

Centro Democrático avisado no muere en guerra

Por: Milciades Andrés Estrada G., Militante Centro Democrático Cesar

En política, los avisos no llegan en vano. Cuando un partido se confía, los enemigos no necesitan atacarlo: basta con que algunos desde adentro empiecen a fracturarlo. El Centro Democrático ha sido avisado, y esta vez debe escuchar.

La controversia surgida alrededor del proceso interno para escoger al candidato presidencial del uribismo —tras las objeciones del precandidato Miguel Uribe Londoño a la contratación de la firma encuestadora Atlas Intel— se convirtió en una prueba de madurez política para el partido. Lo que empezó como un reclamo por supuesta falta de garantías terminó escalando al punto de poner en duda la institucionalidad del proceso.

Mientras el debate subía de tono, tres precandidatos —María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Andrés Guerra— enviaron un mensaje de serenidad y coherencia. Todos expresaron su respaldo al director Gabriel Vallejo, defendiendo el principio de que las diferencias se resuelven dentro del partido, no en los medios. Ese gesto, aunque parezca menor, marcó una línea clara: el uribismo puede discutir sin destruirse. Puede competir sin renunciar a la unidad.

Esa actitud contrasta con la de quienes han preferido victimizarse y poner en entredicho a su propio partido. El uribismo nació para dar batallas grandes, no para hacer ruido interno ni desgastar la confianza de las bases.

El reciente intercambio de comunicaciones reveló una contradicción que no puede pasarse por alto: mientras Uribe Londoño cuestionaba públicamente la elección de Atlas Intel, su equipo había sostenido acercamientos previos con la misma encuestadora. Esa doble narrativa no solo genera confusión, sino que erosiona la credibilidad de todo el proceso.

El daño ya está hecho: la firma internacional Atlas Intel anunció su decisión de no continuar con el proceso interno del partido, para evitar cualquier afectación reputacional. Esa noticia es, en sí misma, una alerta roja. No por la encuesta en sí, sino porque muestra cómo los conflictos internos pueden espantar aliados, socios técnicos y confianza pública.

La responsabilidad ahora recae sobre el Comité de Ética. Debe revisar, con serenidad pero con firmeza, lo ocurrido. No se trata de sancionar opiniones, sino de proteger la seriedad y la institucionalidad del Centro Democrático. El mensaje al país debe ser uno solo: el uribismo no se divide por intereses personales, se ordena para servir mejor a Colombia.

Las cartas de Cabal, Valencia y Guerra son muestra de que la unidad no es un discurso vacío: es una decisión consciente. Y si algo distingue al Centro Democrático es que, cuando está avisado, se ordena, se levanta y sigue luchando.

En las próximas semanas no se elegirá solo un candidato, sino la madurez de un partido que aprendió que el enemigo real no está afuera, sino en la desconfianza que dejamos entrar.

Porque, en política como en la guerra, el que está avisado no muere: se fortalece, se disciplina y vuelve al frente con más convicción que nunca.

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