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Cultura

El capitán, la piragua y su cumbia

Por: Carlos Andrés Cubillos Lascarro

El Capitán nació el día 8 de febrero de 1863 en Usaquén, un antiguo municipio del departamento de Cundinamarca, su nombre significa tierra del sol, en lenguaje chibcha, etnia que en la época precolombina habitaba el lugar, su seno familiar oriundos del sur del Tolima, hoy Departamento del Huila, descendiente de inmigrantes del Sur de España. su familia Tiempo después se trasladó al municipio de Zipaquirá, un periplo corto, también vivieron un tiempo en el municipio de La Calera y finalmente se radicaron en el municipio de Chía donde transcurrió parte de su infancia y adolescencia. Fue bautizado con el nombre de Guillermo Cubillos Rocha, era un hombre de piel blanca de mediana estatura 1.66 metros, cabellos lacios, nariz fileña rostro ovalado, inquieto, aspirante y con una imaginación prominente, un soñador, en medio de toda esa región que se encontraba en evolución.

En 1884 inicia la guerra civil en Colombia y él mi bisabuelo, a la edad de 22 años, fue reclutado por el ejército oficial del estado, se hace suboficial, llegando a participar en la guerra de los mil días, combatiendo en Panamá, en medio de la manigua espesa y sofocante que ofrecía el Darién, sin embargo, fue nuevamente trasladado a un puerto de la costa caribe, conocido como Puerto Colombia y más tarde a Santa Cruz de Mompox en el Departamento de Bolívar.

Durante un extenso tiempo, transcurría el año 1885 empuñando armas del estado siendo foráneo de la región caribe, recorriéndola palmo a palmo desde Riohacha, Valledupar, Chiriguaná, hasta la provincia de Ocaña. En una de sus incursiones militares, cuando ya tenía ordenes de volver a la capital Bogotá, en la batalla de Palo Negro, Santander, fueron emboscados, es herido con escopetas de perdigones por la espalda, los cuales conservó incrustados en su piel hasta el día de su muerte, pues jamás permitió su extracción, porque era un recuerdo de la guerra.

El combate fue cruento, lleno de gritos moribundos, el olor a pólvora y a sangre daban la sensación que era el final, existieron muchas bajas y mi bisabuelo herido cayó a la ribera de un río, siendo arrastrado lejos del frente de batalla, lejos de la escena del combate, lastimado y al borde de perder la razón, fue auxiliado por una joven campesina, llamada Pastora Ramos, nativa del Espinal Tolima, la cual le brinda asistencia, lo cuida y lo cura. Tiempo después sus sentimientos se entrelazan, como si el destino los hubiese marcado o como diría mi abuela los santos ángeles custodios se las jugaron y los hubiesen reunido, de tal forma que se enamoraron y se casaron.

El capitán se radica con su nueva familia en La Dorada Caldas, puerto prominente e importante sobre el río Magdalena, su vida se hace próspera pues procrea sus dos hijas mayores: Ana Julia e Isabel Elena. Aprovechando el auge y el creciente comercio, apertura una tienda de víveres y abarrotes, poniendo en marcha todos sus dotes y habilidades de comerciante, cualidades que le permitieron amasar rápidamente un considerado capital. Sin embargo, para la época no existían las carreteras, lo que generaba dificultades para la movilidad de las mercancías, las cuales eran transportadas en pequeños botes y a lomo de mulas. Su espíritu aventurero y su cosmogonía del mundo lo llevaron a embarcarse en un nuevo proyecto que consistió en la creación y fabricación de uno de los botes más grandes que se hayan construido en las riberas del río magdalena, rio respetado por su gran caudal, importante para el comercio y las conexiones geográficas, pues atraviesa el país de sur a norte, un coloso difícil de conquistar.

En la búsqueda de materializar su sueño decide viajar a Girardot Cundinamarca, población que para la época se imponía como la más importante, por su puerto y comercio fluvial. Ahí estaban establecidos los más importantes constructores de botes, canoas, bongas, todos de origen caribeño. El experto contratado y encargado de la misión fue el señor Epaminonda Rodríguez, hombre mestizo de rasgos pronunciados, silencioso, meditabundo, curtido por el sol y de costumbres arraigadas al entorno fluvial, a quien le hizo conocer su proyecto de embarcación, este después de dudarlo porque jamás había realizado una obra de gran magnitud, aceptó el reto de materializar semejante proyecto, estimado como ambicioso.

En 1913, en el mes de octubre en pleno invierno, terminan el bote más grande que se tenga noticias y el primero de su especie diseñado por Guillermo Cubillos, el cual se construyó con las siguientes dimensiones: Eslora 20 metros, 4 metros de manga y un calado de 2 metros. Con una tolda ovalada de 11 metros que cubría parte de la proa y la popa, semejante envergadura le daba la magnífica capacidad de 6 toneladas de carga; toda su estructura definida con madera de ceiba tolú y cedro. El tiempo de su construcción duró cinco meses con 29 días, Epaminonda y sus obreros no cedieron ante las inclemencias del clima, el asiduo calor sofocante cómplice de una humedad que los dejaba al vapor, trabajaron todos los días al son de pasillos, música andina, currulaos y chicha fermentada para engañar la sed.

Si, la piragua fue llamada la Girardoteña

Finalmente, en el invierno de 1913, con el río Magdalena inmenso y desbordado, zarpa por primera vez La Piragua, desde su puerto original Girardot – Cundinamarca hasta el Municipio de El Banco Magdalena, el objetivo de esta travesía era el comercio de todos los productos de pancoger que se daban en la sabana de Bogotá, en cuanto puerto arribaba y de vuelta productos de la costa caribe, queso, pescado, artesanías y demás.

Rápidamente y de manera elocuente y veraz logra relacionarse con los comerciantes de la zona caribe, en especial con los de la población de El Banco, como el señor Carmelo Pisciotti, Miguel Chajín y otros, quienes le habilitan créditos, hospedaje y le permite la apertura de una Bodega donde empieza la comercialización de víveres abarrotes, compra de pescado que luego era comercializado en la capital del país.

En su estancia y largas travesías ganó fama y prestigio, el capitán empezó a ser conocido como el Cachaco Cubillos, su palabra era respetada pues cumplía con sus compromisos en las fechas estipuladas.

En sus andanzas ribereñas conoció a José Benito Barros Palomino, hombre elocuente, alegre y bohemio a quien le gustaban los viajes y aventuras, por lo que rápidamente se sintieron identificados, con altos grados de complicidad y amistad, después de compartir unas deliciosas amargas heladas al candor del puerto Banqueño, decidieron trabajar juntos, convirtiéndose rápidamente el joven maestro en su mano derecha, travesías, cuentos, risas e historias que saltarían para contar y cantar por todos los pueblos de la ribera del magdalena, tantas para que en una tarde decidieran visitar nuevas tierras como ocurrió aquel día acompañado de arreboles, brisas frescas, garzas y patos piscincos que graznaban al ritmo de los bogas, invitado por un nuevo amigo Lucho León, quien lo llevó a conocer la ciénaga de Zaptosa y el Municipio de Chimichagua, de donde este último era oriundo, oportunidad que no desaprovechó, pues le permitía explorar nuevos mercados.

El Municipio de Chimichagua ubicado en el Departamento del Cesar, tierra próspera, ganadera, también de pescadores, con una magia contagiosa por sus paisajes, con una ciénaga inmensa como La Zapatosa, gente alegre, artesanos, bailadores y cantores, nativos originarios de los Chimilas, encantaron tanto a nuestro Capitán, el Cachaco Cubillos, que sus visitas se hicieron continuas sobre todo: porque allí nuevamente encontró el amor, cuando conoció a una hermosa nativa, Chimichagüera: Juana de Matas, mujer aguerrida, de piel cobriza, de cabello liso y de una belleza natural, mirada profunda y brillante, que doblegaron a Guillermo Cubillos, tanto para decidir quedarse allí para siempre.

En 1915, El Capitán, Guillermo Cubillos Rocha, El Cachaco, contrajo su segundo Matrimonio, pues ya había enviudado, con Juana de matas tuvo 3 hijos, (Juan de Jesús (Quien era mi abuelo), Guillermo y Cosme), compartiendo más de 52 años juntos, en las playas de amor en Chimichagua.

Las travesías y viajes continuaron hasta cuando fue necesario rediseñar y restaurar la embarcación, esta vez más grande, con mejor distribución, y lo mejor puestos para pasajeros. El 30 de agosto de 1919 zarpa nuevamente la Piragua, esta vez llamada la Julia Elena, desde la ciénaga de Zapatosa, con rutas establecidas, como servicio público desde Chimichagua hasta El Banco Magdalena, para el transporte de pasajeros con capacidad de 40 personas y transporte de mercancías y carga.

La popularidad de este medio de transporte, se debía que, entre Chimichagua y El Banco, el viaje se hacía más corto y placentero y seguro, no había una vía terrestre o carreteable, sino caminos de herraduras y en época de invierno se hacía intransitable los 40 kilómetros que la separaban.

Durante 40 años el auge de la Piragua fue ascensional de gran acogida para todos los nativos de la región, sin embargo, llegó su ocaso, debido a la sequía terrible, verano de agosto de 1960, murió y yace dormitando en las playas de amor en Chimichagua, la piragua de donde clama su leyenda a través de cantos, bailes y su cumbia.

El 21 de agosto de 1963 en Chimichagua al lado de su fiel compañera y sus hijos y nietos, viviendo 100 años y medio, murió El Capitán, El Cachaco Guillermo Cubillos Rocha.

En 1969, el Maestro José Benito Barros Palomino, quien fuese amigo de Guillermo Cubillos, con quien realizó muchos viajes en el bote Julia Elena, de las que quedaron muchas historias y experiencias vividas, años después como un recuerdo, compuso una hermosa cumbia llamada La Piragua, cumbia legendaria que dice así:
“Me contaron los abuelos que hace tiempo navegaba en el Cesar una piragua, que partía de El Banco viejo puerto a las playas de amor en Chimichagua”

“Capoteando el vendaval se estremecía e impasible desafiaba la tormenta y un ejército de estrellas la seguían, tachonándola de luz y de leyenda” “Era la piragua de Guillermo Cubillos, era la piragua, era la piragua.”

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