Así opinan
“El petróleo ajeno sí sirve: la paradoja energética de Petro”
Por: Alejandro Aroca, Ingeniero Eléctrico UniAndes, Consultor y Auditor Senior en Proyectos de Energía. Miembro Activo Comisión Técnica Permanente de Energía, Sociedad Colombiana de Ingenieros

Mientras en Colombia el gobierno no se cansa de repetir que el petróleo y el gas deben quedar en el pasado, el presidente Gustavo Petro viajó esta semana a Egipto, Arabia Saudita y Qatar, tres países cuya economía dependen casi por completo de los hidrocarburos. Según el periódico El Colombiano, ( edición del 29 octubre 2025, “Viaje de Petro a Egipto, Arabia Saudita y Qatar.” ) este es ya su viaje internacional número 70 desde que asumió la presidencia en agosto de 2022. Y el periódico La República ( edición del 29 octubre 2025, “Presidente Gustavo Petro prepara acercamientos comerciales con Medio Oriente.” ) añade que la gira busca “abrir nuevos mercados y alianzas con Medio Oriente”.
El problema no está solamente en viajar, sino en la incoherencia entre el discurso ambiental y la práctica diplomática: Petro condena el petróleo y el gas colombiano, pero busca financiación de los fondos soberanos árabes cuyo capital proviene precisamente del petróleo y del gas.
Cada vuelo presidencial intercontinental puede generar entre 100 y 200 toneladas de CO₂. Con más de 70 desplazamientos, la huella aérea acumulada podría acercarse a las 10.000 toneladas de carbono, paradójicamente, esas 10.000 toneladas de CO₂ generadas por los viajes de Petro equivalen a lo que produciría una planta térmica de 5 MW operando solo 1 mes, con carbón térmico de los municipios de El Paso, Chiriguaná, La Jagua de Ibirico, Becerril y Codazzi en el departamento del Cesar (El carbón que Petro quiere acabar). ¿Cómo puede un mandatario que se presenta como líder ambiental justificar semejante huella mientras promueve la “descarbonización” en Colombia?
Y es precisamente esa minería —la que Petro anuncia que quiere cerrar— la que sostiene más del 40% del PIB del departamento, aporta más de 100 000 empleos directos e indirectos y genera regalías que financian educación, salud y vías en todo el departamento del Cesar.
Eliminar la explotación carbonífera sin un plan industrial alternativo equivale a apagar el motor económico más importante del Cesar. No solo se perderían empleos dignos y bien remunerados; también se reduciría la soberanía y seguridad energética nacional. Mientras el Gobierno busca capital árabe proveniente del petróleo y gas, pretende condenar al desempleo a los mineros cesarenses que producen energía para su propio país.
La inversión extranjera en transición energética que Petro persigue en Medio Oriente parece tener una fuente paradójica: los mismos hidrocarburos que dice que en Colombia son malos y deben prohibirse. Es decir: se rechaza el petróleo y gas colombiano, pero se acepta el dinero del petróleo y gas ajeno para financiar proyectos verdes. Una paradoja política, ética y económica.
La transición energética debe diseñarse, no decretarse. Requiere metas claras, alternativas reales al financiamiento fósil y credibilidad técnica. Eliminarnos de la dependencia de hidrocarburos sin una alternativa viable solo traslada la dependencia: de los recursos propios al capital fósil extranjero. En política energética, la incoherencia cuesta caro —no solo en confianza, sino en inversiones y resultados.
Los países del Golfo Pérsico, entendieron que pueden usar el petróleo y el gas como puente hacia una economía verde. Colombia parece renunciar a su capacidad productiva mientras extiende la mano para recibir rentas de otros. Si queremos soberanía y seguridad energética, debemos construir la transición con nuestros recursos, conocimiento y responsabilidad, no con discursos que se contradicen a miles de pies de altura, en un lujoso avión presidencial impulsado por combustibles fósiles.

