Cultura
En Valledupar sí existe un Lado B

Con éxito se realizó el I Encuentro de Coleccionistas y Melómanos de Música Afrocaribeña, organizado por Palenke Cultura Bar en el Centro Histórico de Valledupar. La jornada reunió a amantes de los discos, selectores, conocedores y público interesado en compartir una experiencia alrededor del vinilo, la conversación y las historias que habitan detrás de cada canción.
Más que una cita musical, el encuentro se convirtió en un ejercicio de memoria colectiva. Allí, el disco dejó de ser únicamente un objeto de colección para recuperar su valor como archivo afectivo y cultural: una pieza que guarda épocas, barrios, reuniones familiares, amistades, bailes, viajes y formas de comprender las expresiones, el mundo y el universo musical.
De esta experiencia nace el Club Vinilero de Valledupar “El Lado B”, una iniciativa que propone crear encuentros permanentes para escuchar, aprender, intercambiar y conversar alrededor de la cultura del vinilo. El nombre nace con una intención clara. En los antiguos discos de vinilo, el lado B era considerado por muchos como la cara rara, poco común o secundaria; el espacio donde podía estar el “relleno” del álbum. Sin embargo, el tiempo demostró que allí también se escondían canciones memorables, apuestas arriesgadas y joyas que solo descubrían quienes decidían escuchar más allá del lado principal.
Valledupar tiene un lado B. Uno que no compite con el acordeón ni pretende desplazar las tradiciones que identifican a la ciudad, sino que amplía la escucha y reconoce otros sonidos que también han construido su memoria: los tambores, el bongó, la conga, la trompeta y otros instrumentos que dan vida a ritmos como la salsa, el son, la champeta, el boogaloo y las múltiples expresiones de la música afrocaribeña.
Así también ocurre con la vida cultural de Valledupar. Existe un lado B compuesto por sonidos, artistas, coleccionistas, espacios independientes y públicos que han mantenido vivas otras maneras de sentir y habitar la música. El Club Vinilero busca visibilizar esa riqueza, sin desconocer la tradición vallenata, pero invitando a descubrir que la ciudad también tiene muchas otras historias por sonar.
Uno de los ejes del club será el concepto “Cada vinilo tiene una historia”. En cada encuentro, un integrante llevará un disco, seleccionado de acuerdo con una temática previamente establecida, y compartirá por qué ese álbum es importante en su vida. El grupo lo escuchará colectivamente y conversará sobre su sonido, contexto, artistas, canciones y recuerdos.
La propuesta convierte al club en mucho más que un espacio para oír música. Será un lugar de memoria, cultura y conexión entre generaciones, donde un vinilo puede unir a quienes vivieron una época con quienes desean conocerla; donde una portada, una canción o el sonido de la aguja sobre el disco pueden abrir nuevas conversaciones.
Entre sus propósitos están promover la música en formato de vinilo; compartir conocimientos sobre discos, artistas y géneros; facilitar espacios de intercambio, compra y venta de vinilos; realizar sesiones de escucha colectiva; recuperar la memoria musical y cultural; y fortalecer vínculos de amistad alrededor de una pasión común.
Palenke Cultura Bar reafirma así su vocación como escenario de encuentro y diversidad cultural. En Valledupar sí existe un Lado B, y su aguja ya comenzó a sonar.

