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Así opinan

¿Hombres princesos o mujeres interesadas?

Por: Luisa Alario Solano

¡Hola! Por aquí estoy de nuevo y esta vez con la mira puesta en otra de esas batallas campales que se libran en el cuadrilátero de la vida moderna Y no, no hablo de reinados, de política ni de fútbol, sino de esa tensión que crece cada día entre hombres y mujeres, ‘un tira y afloja’ que nos tiene a muchos preguntándonos si alguna vez encontraremos un punto medio.

En una esquina, tenemos al ‘bando masculino’, con la bandera de que hoy en día todas las mujeres somos unas interesadas. Según esta narrativa, solo buscamos al “macho proveedor”, que nos mantenga, al que nos resuelva la vida económica mientras nos limitamos a ser bonitas, a decorar el paisaje y a no complicarnos la existencia laboralmente. La queja común de los hombres en redes es clara: dicen que queremos la vida fácil, sin esfuerzo, solo buscando billeteras andantes.

​Y al otro lado del ring, con los guantes bien puestos, estamos nosotras, el ‘bando femenino’ que contraataca con la idea de que los hombres se han vuelto unos “princesos”. La crítica es aguda: ellos quieren que las mujeres seamos físicamente perfectas, que los atendamos como reyes, que estemos siempre dispuestas para el sexo, pero, ojo, también que seamos “50/50” en todo lo demás. Es decir, que pongamos la mitad en las cuentas, en las responsabilidades del hogar, en la crianza de los hijos, en el esfuerzo, mientras ellos disfrutan de los beneficios de una pareja de alto mantenimiento sin asumir la carga completa.

Desde mi punto de vista como una mujer viviendo en sus 40 y procedente de una cultura en la que desde el inicio de los tiempos, el hombre lo paga todo y su compañera se desvive en atenciones, cuando escucho estas posturas, no puedo evitar pensar en el famoso dicho: “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre” ni tampoco de preguntarme ¿En qué momento empezamos a ver al otro a través de un lente tan distorsionado? Es cierto que hay casos, ejemplos aislados, de personas que encajan en estas descripciones caricaturescas. Siempre habrá quien busque una salida rápida o quien quiera los beneficios sin las responsabilidades. Es decir, una pepa para cada maraca.

​Quizás el problema no es que hombres y mujeres seamos intrínsecamente “interesados” o “princesos”, sino que las expectativas se han desalineado. Estamos en un tiempo donde todo pasa rápido, donde los roles de género tradicionales están siendo cuestionados y redefinidos. Y en medio de esta redefinición, aparece el miedo: el miedo a no ser suficiente, el miedo a no vernos bien, el miedo a ser usados, el miedo a la vulnerabilidad ¿Será esto lo que nos ha llevado a esta batalla?

​Creo fielmente (y firmemente), que en lugar de echarnos la culpa y ponernos etiquetas, sería más constructivo empezar a preguntarnos ¿Qué queremos realmente de una pareja? ¿Qué estamos dispuestos a dar? ¿Y cómo podemos comunicarnos de forma auténtica para que el otro lo sepa?

Estamos viviendo una vida sin tener idea de si realmente esa mujer o ese hombre que nos rodea, encaja en nuestras convicciones, aceptamos lo que no queremos y al final terminamos solos. ¿Por qué se nos hace tan difícil la construcción de relaciones sanas en un mundo que ya es bastante complicado?

Comentario

  1. Cordial saludo, vivimos en una época donde el ruido es más fuerte que la intención, donde las heridas no resueltas y las expectativas distorsionadas nos hacen competir en vez de construir. Pero lo real, lo profundo, sigue siendo posible: relaciones con propósito, donde el valor de la persona no se mida por lo que aporta económicamente ni por estándares irreales de “perfección”. Quizá nos urge dejar de buscar “lo que me conviene” y comenzar a ser “lo que alguien necesita” desde la integridad, la verdad y el amor maduro. Relaciones sanas no nacen de exigencias, sino de acuerdos claros, respeto mutuo y una buena dosis de vulnerabilidad valiente.

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