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Katia: El Azul de un Cielo que Camina y Custodia la Memoria
Por: Yarime Lobo Baute, Vigía del Patrimonio, Red Colsafa | Obras son Amores

Hay presencias que no pertenecen a la rigidez de la tierra, sino a la arquitectura del viento: invisibles para el transeúnte, pero fundamentales para que la estructura del afecto y la identidad no se desplome. Tú, Katia Montero Castro, esa “Niña en rostro de Mujer de Ojos Cielo”, eres el plano perfecto donde el azul del firmamento decidió bajar a Valledupar para enseñarnos que el patrimonio no son solo piedras, sino piel que recuerda.
Desde nuestra Red Colsafa, donde oficiamos como Vigías ante el Ministerio de las Culturas, te miro y veo el mapa sagrado de nuestra estirpe. Mi memoria, como un río Guatapurí en pleno deshielo, me devuelve siempre a aquella tarde de EmPoderArte II. El cielo se nos venía encima en una cascada de lluvia, pero tú —centinela de la ternura y vecina del alma— decidiste que el agua no borraría el tributo. Con tu insistencia de mujer-raíz, lograste que nuestra amada Sarita Maestre de Acosta cruzara el umbral de la Biblioteca Departamental. Ese no fue un simple acto de vecindad; fue un ejercicio de salvaguardia humana, una acupuntura urbana que sanó el tejido social de nuestro Valle.
Tu compromiso con la memoria alcanzó una dimensión histórica en el marco de EmPoderArte IV, donde celebramos con orgullo el recorrido de la Red Colsafa desde sus inicios en 2019. En esa cuarta puesta en escena, tu aporte fue el puente de plata entre épocas: un tesoro documental e histórico de incalculable valor. Gracias a las fotografías patrimoniales que rescataste, pudimos honrar la grandeza de la Hermana Celina Quintero y ver reflejada la fisonomía de la antigua sede del Colegio de la Sagrada Familia en la Plaza de Valledupar. Pero, sobre todo, esas imágenes permitieron que valiosas exalumnas de antaño se dieran cita, en un abrazo eterno, con las egresadas de hoy. Fuiste tú quien hizo posible ese diálogo generacional, rescatando los rostros de nuestra génesis para que el presente supiera de dónde viene su fuerza.

Tu historia es un documento vivo de nuestra herencia. Llevas en el cuerpo la disciplina técnica del Ballet Vallenato y en el alma la cadencia lírica de quien fue compañera de vida y musa de la guitarra eterna de Hugues Martínez. Eres la esencia de la Promoción 65 de nuestra Sagrada Familia, ese semillero de mujeres que hemos decidido que el olvido no tiene permiso de entrada en nuestra casa.
Te veo y el aire huele a tradición, a ese polvillo de callejón que levantaba la Pilonera Mayor, Consuelo Araujo Noguera, nuestra eterna hermana de patio. Evoco aquellas polleras fundacionales donde bailabas hombro a hombro con las matronas de mi propia sangre: mi madre Elizabeth Baute, mi tía Gloria, y la lealtad de Mary Saurith. Allí estaban también Cecilia Luque y María Escorcia, hilvanando el ritual que hoy custodiamos.
Has habitado con tu danza nuestras puestas en escena desde 2022 hasta 2024. El año pasado, el silencio de tu ausencia por salud se sintió como una nota huérfana en el aire. Pero hoy, el patrimonio reclama su pulso. Estamos dibujando la Quinta Puesta en Escena y el diseño está incompleto: falta el vuelo de tu falda y la fuerza de quien sabe sostener legados sobre sus hombros.
Te convoco, Katia, a ocupar tu altar. Vuelve a prestarnos ese azul de tus ojos para iluminar la comarca. Que suene el pilón, que se detenga la lluvia y que el tiempo se haga rito… porque cuando Katia baila, el patrimonio camina y el cielo se pone, por fin, a la altura de nuestros pies.

