
De regreso a casa en uno de mis días de correrías por el departamento del Cesar, me encontré con un gran letrero: Bienvenidos a Valledupar, la capital mundial del vallenato, la ciudad de los santos reyes y donde aún se anhela vivir.
Valledupar, engalanada con un clima seco tropical, de bosques esplendidos saciados de cantares de cotorras en sus atardeceres, cañahuates que florecen según la estacionalidad y el suave murmullo del río Guatapurí, son hoy por hoy condiciones propicias para ser sitio de acogida de quienes motivados por la aparente calma y donde hay cama para mucha gente, por ser aún buen vividero dio paso a que hoy sus avenidas estén llenas de móviles, transeúntes sin rumbo definido, ruidos estrepitosos que se consumen y se envuelven con los gritos y afanes de propios y extraños que un día la vieron extenderse sin parar, es la misma ciudad donde todo sabe a sol, a leche, a merengues, a cantares, a que hay por ahí, de aires tranquilos de miradas diáfanas, de gente pujante, alegre de conversaciones sazonadas con picardía, de relatos del hoy y del ayer que jamás volverán. Todo esto a través del retrovisor lo miro absorto de la realidad, mientras contemplo estar en mi ciudad luego de una larga travesía por diferentes municipios del Cesar queriendo avanzar rápido, pero hay muchos distractores que disipan mi atención en la ruta a casa.
En que anda mi mente cavilando, si, es por ellos, chicos cuyos cuerpos traslucidos en su delgadez, pieles rusticas acariciadas por el fulgurante sol, los cabellos tiesos, otros decolorados, con sus cortes de cabello fuera de serie, exóticos tratando de ser únicos y por qué no decirlo, artísticos en sus propia cosmogonía de existencia, bulliciosos; sumergidos en sus costumbres de imaginarios alegres, pero retadores de la vida, con sus particulares atuendos ligeros de equipaje, ellos cohabitan con nosotros, ¡son hijos de la calle! o ¡hijos en la calle!, podemos pensar o referirnos a ellos como que nadie los busca, nadie les dijo ¿a dónde vas? ¿con quién, y a que horas vuelves?, hijos de nadie sin control, sin un derrotero más que todos juntos guiados por el deseo de huir de sus vidas de lo que en cada casa les espera y viven cada día desafiando el peligro, el miedo les teme cada vez que se atreven sin escatimar fuerzas para alcanzar y engancharse en un vehículo de carga pesada, donde reposan y celebran haberlo logrado. Nunca están solos, se mueven en bloque cual equipo engranado para un fin, si, el afán en muchas ocasiones es llegar al río, buscan diversión, buscan hacerse sentir, ser notados, hacer parte de algo que le dé sentido a sus valiosas vidas, por eso hoy considero que son retados y no retadores, estos chicos que no superan los veinte años, son hijos de nuestra ciudad. Ellos buscan ser tenidos en cuenta, ser vistos, pero no, sólo miramos pasar la vida, juzgamos y decimos en coro, ¿y sus padres dónde están? Arriesgan la vida, se lanzan a los vehículos pesados, bailan al frente con actitud desafiante se enganchan buscando un aventón, ríen entre ellos, lo logran, otros se atraviesan, se enganchan con bicicletas y otros se caen como ocurrió con Johan adolescente de 14 años, que murió en una clínica de Valledupar, luego de ser víctima de un siniestro vial que lo dejó gravemente herido. Los hechos se presentaron cuando el joven cayó de un camión de carga pesada y, seguidamente,
fue arrollado por una motocicleta, en la avenida hurtado, su amigo de aventuras comenta que le extendió su mano, pero Johan no lo alcanzó. (q.e.p.d. febrero 18 de 2025).
Detrás de toda esta problemática con la que hoy vivimos en nuestra ciudad; que no es posible mirar a otro lado, existen historias como la de Pablo un joven a quien reservaremos su verdadera identidad, quien lucha por encontrar sentido a su existencia, quien a temprana edad embarazó a su novia, tiene 19 años, no terminó el bachillerato, trabaja de cotero descargando mercancías en la central de abastos de la ciudad cuando lo solicitan, pero la mayoría de su tiempo lo invierte en vagar por la ciudad con sus perros como él le llama a sus amigos de barrio, de andanzas, su manada, se ríe e indica que no hay nada mejor que esto: pues le da arraigo y pertenencia, sentido y afecto, manifiesta que es como lanzarse al río y dejar que la corriente te lleve a donde quiera, no existe mayor grado de libertad para él. Nunca sabe a dónde va a estar, donde comerá y/o donde dormirá, aunque vive en una de las ciudadelas de la zona sur de Valledupar, menciona que poco cuenta con sus padres, poco los ve…. Llora un poco y menciona que quiere cambiar, que le gustaría ser normal, vivir de otra manera y declara ser adicto al riesgo que es su única droga, es lo que lo motiva a seguir, pues no sabe que pasará y no quiere saberlo. Son las 4:00 de la tarde del 28 de abril de 2025, y tiene preparada una salida con su manada, con quienes se siente seguro y solo se divierten sin hacer daño a nadie eso estima él, toman la calle 44 y se reúnen tres más en el obelisco después de un saludo peculiar, esperan su transporte para enganchar, tres en bici y dos de a pie. Sin embargo, el peligro es inminente el tráfico repunta y cualquier error puede ser fatal, ponen en riesgo su humanidad, la de los demás, conductores, transeúntes etc. Es latente y se puede palpar que existe una descomposición social, hogares disfuncionales, o mejor destruidos, con pocas oportunidades y así como a Pablo, ¿qué futuro le espera a su hijo? Es importante que podamos reflexionar, mirar a lado en esta ocasión, desde las entidades, autoridades del estado y de todos como sociedad podamos construir y apoyar a los jóvenes de nuestra ciudad.
La realidad supera las situaciones e historias de cada familia, según cifras de estado, Agencia Nacional de Seguridad Vial entre el año 2023 y 2025 existen 8 fatalidades debido a este tipo de prácticas, las autoridades constantemente hacen llamados de atención, así como campañas con el fin de concientizar sobre los riesgos latentes e intentan persuadir a los jóvenes y padres de familia frente al presente flagelo, sin embargo se siguen presentando incidentes y accidentes fatales, es común ver en nuestra ciudad a los jóvenes por la carrera cuarta, por la calle 44, la transversal 23, la avenida Hurtado, salida hacia el Municipio de Bosconia y ahora también en el área metropolitana de la ciudad de Valledupar, propiamente en los Municipios de Manaure y Pueblo Bello, donde los jóvenes en busca de adrenalina a través de la gravedad, se lanzan en picada aprovechando las pendientes, con bicicletas modificadas, agregando algún tipo de peso, modifican el sillín logrando así verticalidad, aerodinámica mejorando así el corte del viento, usan sogas, cabuyas para engancharse de subida en los diferentes camiones de carga pesada y después lanzarse en picada alcanzando hasta 60 kilómetros por hora, sin protección alguna y de a dos por bici, arriesgando sus vidas en una nueva tendencia llamada Gravity Bike – practica que se ha originado en las ciudades de Cali y Medellín donde poseen varios adeptos. En la ciudad de Valledupar existe un grupo en Facebook reconocido
como Gravity Bike Valledupar, el cual cuenta con más de 80 miembros, jóvenes entre los 14 y 22 años de edad, quienes ahora se sienten acogidos y aceptados en su propia comunidad, la cual se extiende día a día, por eso es fácil ahora verlos deambular con sus caballitos de acero, por ahí y por allá.
Según el Doctor Alexis Lascarro Psicólogo, especialista en gestión pública, con alta experiencia en psicología clínica, indica que todos los jóvenes de estas edades manejan altos grados de afición y adicción al riesgo, el mundo de la adrenalina extrema. La adicción al riesgo se puede definir como la búsqueda compulsiva y repetitiva de experiencias que involucran ciertos niveles de peligro o incertidumbre, como la práctica de actividades físicas extremas, siendo así la adrenalina la protagonista debido a que es adictiva porque desencadena sensaciones placenteras y excitantes en el cuerpo humano, lo que puede llevar a una búsqueda compulsiva de emociones intensas y situaciones de riesgo. Una forma de apoyar a estos jóvenes, es generar espacios ocupacionales que garanticen metas y proyectos ayudándoles en su crecimiento personal, autoestima, autocuidado, así como la estimulación que motiven la práctica de deportes en escenarios deportivos adecuados, pueden coadyuvar a la concentración de jóvenes de bajos recursos y de alta vulnerabilidad, en función de mejorar su calidad de vida, construyendo horizontes nuevos y esperanza.
Después de todo; todos podemos volver a casa.


!! Compaaaa…Felicitacionessss, que manera tan grandiosa de describir nuestra ciudad y apuntarle a esta realidad tan triste como es la de estos muchachos necesitados de atención , gracias al Dr. Alexis por proponer alternativas que propicien cambios en la convivencia de estos jóvenes , que gritan por ayuda social .., excelente publicación mi Compa Carlos …, mi Amor Fraterno le abraza 🙏❤️👏
Estimado Carlos Andrés, muy buena crónica para leer. Saludes mi amigo y que buena expresión “todos podemos volver a casa.”
Un tema al que no se le ha dado importancia, pero se ha vuelto el pan diario de cada día en Valledupar. Excelente artículo 👏🏻