Así opinan
Los ministros deben dejar el escritorio

- Un ministro que conoce el territorio gobierna con una información que ningún informe puede entregarle.
En Colombia hemos construido una paradoja que merece ser revisada: quienes toman algunas de las decisiones más importantes del país suelen estar más cerca de los escritorios donde se elaboran los documentos que de los territorios donde esas decisiones producen sus efectos.
Un ministro puede pasar semanas entre reuniones, consejos directivos, documentos, informes, comités y despachos. Todo eso hace parte de gobernar. Pero existe una pregunta que deberíamos empezar a hacer con mayor frecuencia:
¿Cuánto tiempo pasa un ministro conociendo directamente la realidad de los ciudadanos a quienes debe servir?
La respuesta a esta pregunta puede ayudarnos a entender uno de los grandes problemas de la administración pública colombiana: muchas veces diseñamos políticas públicas desde la distancia y luego esperamos que funcionen en territorios que no conocemos suficientemente.
Por eso, si queremos hablar de una nueva manera de gobernar, debemos empezar por cambiar el papel del ministro.
Los ministros deben dejar el escritorio. No significa abandonar Bogotá. Significa dejar de pensar que gobernar desde Bogotá es suficiente.
Un ministro debe conocer el país que gobierna
Colombia no es una sola realidad. El país tiene regiones con economías, culturas, capacidades institucionales, necesidades y oportunidades completamente diferentes.
El problema de un municipio de la Costa Caribe puede que sea el mismo de un municipio de Santander, de Nariño, del Pacífico o de la Orinoquía pero el enfoque de la solución debe ser diferente.
Una política nacional puede tener una excelente formulación técnica y, sin embargo, fracasar cuando llega a un territorio porque no tuvo en cuenta sus particularidades, hasta su idiosincrasia.
Por eso el territorio no puede ser simplemente el lugar donde se ejecutan las políticas públicas. Debe ser también el lugar donde se comprueba si esas políticas funcionan.
Porque ningún mapa, ninguna estadística y ningún informe reemplaza completamente una conversación con quien vive el problema. Nada reemplaza la percepción directa.
Del ministro visitante al ministro territorial
Pero hay algo importante: salir del escritorio no puede convertirse en turismo institucional. Colombia ya ha visto muchas visitas de funcionarios que llegan a un territorio, realizan una reunión, entregan declaraciones, toman fotografías y regresan a Bogotá. Eso no es Gobierno Territorial.
La diferencia entre una visita y una política pública está en lo que ocurre después de que el funcionario se va. El territorio no necesita visitantes. Necesita responsables.
Una rotación territorial del Gobierno
Aquí es donde podemos dar un paso adicional.
Si Colombia está dividida en grandes regiones con realidades diferentes, ¿por qué no organizar una agenda territorial permanente del gabinete nacional?
Cada semana, un grupo de ministros podría concentrar su trabajo en una región determinada. No necesariamente todos al mismo tiempo.
Podrían existir agendas coordinadas alrededor de los principales desafíos regionales: infraestructura, seguridad, salud, educación, productividad, vivienda, agua, energía, turismo, agricultura, transformación digital o desarrollo empresarial.
Durante esa semana, el territorio se convertiría en una verdadera sede temporal del Gobierno Nacional. Los ministros trabajarían junto con gobernadores y alcaldes. Los equipos técnicos nacionales se reunirían con los equipos territoriales. Los proyectos pendientes serían revisados. Los cuellos de botella serían identificados. Y, sobre todo, se tomarían decisiones.
Al finalizar la jornada, el país debería poder conocer algo muy sencillo: qué problema se encontró, qué decisión se tomó, quién quedó responsable y cuándo se verificará el resultado.
Eso transforma una gira política en una metodología de gobierno.
El alcalde no debería perseguir al ministro
Hay otra realidad que debemos corregir.
En muchas ocasiones, los alcaldes y gobernadores terminan convirtiéndose en gestores que deben viajar constantemente a Bogotá para buscar una cita, conseguir una firma, explicar un proyecto o intentar destrabar un trámite.
Mientras tanto, las necesidades permanecen en sus territorios.
¿No debería ser al contrario? Si un proyecto es estratégico para una región, el Gobierno Nacional debería tener capacidad para desplazarse hasta donde está el problema.
Gobernar con los cinco sentidos
Gobernar desde el territorio también significa gobernar con los cinco sentidos.
Ver lo que ocurre.
Escuchar a quienes viven la realidad.
Sentir las dificultades de las comunidades.
Comprender las particularidades de cada región.
Y finalmente decidir.
Ese contacto cambia incluso la manera en que un funcionario interpreta un indicador.
Un porcentaje de cobertura puede verse muy bien en un informe. Pero cuando el funcionario llega al territorio y descubre que una comunidad sigue sin acceso efectivo al servicio, entiende que detrás de cada indicador hay una historia humana.
Por eso la presencia territorial también mejora la calidad de las decisiones.

