
Escrito por Eliecer Jiménez @drjimenez1a
Aún no sonaban las campanas de la misa de siete. Simón vestido de un caqui almidonado. impecable se dirigío a la plaza principal desafiando a los patrones. El domingo tampoco se podía descansar menos vestir bien, de andar elegante lector incansable gran orador ante un Ara aprendió los secretos de los constructores del templo de Salomón,el pueblo atestado de militares no era un domingo cualquiera. En la Ciénaga el viento susurraba lo que parecia una desgracia.

