Así opinan
Red Colsafa: Corriente de sororidad y cauce vivo del patrimonio

En Valledupar, la identidad no es una estatua rígida, sino un cuerpo de agua que fluye. En ese cauce nace la Red Colsafa, un colectivo de mujeres que, como Vigías del Patrimonio, han entendido que la cultura es un río que se nutre de la memoria.
Exalumnas, egresadas y maestras del Colegio Sagrada Familia han transformado el lema “Obras son Amores” en un manifiesto de vida, inspiradas por la luz espiritual que Leandro Díaz describió en su canto: un arte que sana, un respeto que dignifica y un amor que corre libre como el Guatapurí.
Durante más de siete años, esta red ha crecido como una marea imparable. Su paso por el Desfile de Piloneras es el momento donde el río se desborda en las calles: cien mujeres, verdaderas deidades terrenales, inundan el festival con sus polleras rojo encendido. No es solo danza; es el oleaje de la tradición caribeña que golpea con fuerza y elegancia, recordándonos que la mujer es el puerto seguro de nuestra historia.
Pero su visión no se detiene en la orilla de la fiesta. La Red Colsafa es una navegante de la estética. En la reciente edición de EmPoderArte 2025, bajo el título “Mundos próximos en femenino”, la muestra se convirtió en un océano de creatividad.
Allí, las obras ya no solo buscaban el aire, sino la profundidad: trazos que evocan el movimiento de los ríos, texturas que narran la inmensidad del mar y colores que se diluyen como una puesta de sol sobre el agua. En estas piezas, la identidad caribeña se siente húmeda, fértil y profunda.
Nombres como Elsa Palmera, Shirley Cabañas, Norelys Jiménez, María Ríos y Marianne Sagbini aportan sus propios afluentes a este gran delta artístico, creando un diálogo visual donde la experiencia y la juventud convergen.
Proyectos como el mural “ADN de los Años Maravillosos” y la revitalización del Callejón de la Purrututú con la intervención de la Galería del Amor Amor son anclas de amor que mantienen viva la memoria colectiva en medio de la ciudad.
Hacia el 2026, la Red sigue fluyendo. Sus plataformas digitales son el registro de una hermandad que no conoce diques; un testimonio de solidaridad que mantiene a la familia colsafista unida por hilos invisibles pero inquebrantables.
La Red Colsafa no solo crea; ella sumerge a Valledupar en su propia esencia. Nos enseñan que, en un mundo que a veces parece desierto, la unión de las mujeres es el manantial que refresca el alma de la tierra. ¡Que su cauce siga abriendo caminos por siempre!

