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Cirirí Del Jirafo

Lo que no se ve es lo más importante

Escrito por Alberto Muñoz / @albertomunozpen / elhijodedonjulio@gmail.com

Allí estábamos, como veleta estacionaria, pero sin boleta, acercándonos poco a poco a aquel circo con carpa descolorida, raída por el rumor impetuoso del viento y la amorosa insinuación de los ‘números’ exclusivos que presentaría para la diversión de pequeños y grandes. A las tres de la tarde, el silencio era inevitable mientras los alaridos de un leon desvencijado, humillado en la jaula estrecha de la crueldad justificada por el propósito ineludible de “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, angustiado por la vaciedad del balde que lo acompañba, hecho trizas en vida, mientras el más viejo de los payasos arrimaba al tumulto de muchachos para reiterar que a las seis de la tarde iniciaría la primera función, pero -eso sí- “cada niño con su boleta”.

Estábamos seguros que no entraríamos aunque “adivinábamos” el orden de presentación del elenco del circo, que iniciaba poco a poco el movimiento artístico a través del desperezamiento de su personal, dándose los últimos toques emocionales, haciéndose los fuertes ante el miedo escénico y completándose, en cada caso, las pruebas preliminares antes de entrar en función. Aprendimos algo, a las ‘fieras’ las pusieron a comer antes de la función y en algunos casos cada domador los sometió al escarnio privado con práctica intensiva y uno que otro latigazo. Después, todo resultó de maravilla.

Años después, en los albores de 1974, regresábamos de Cartagena, para el inicio vacacional, el bus ‘se varó’ en Ciénaga, en virtud de lo cual esperaramos varias horas de la noche, con Gonzalo Córdoba Martínez y Wicho Quiroz Maestre, dándole vueltas al pueblo, recostándonos donde era posible y acercándonos a lo permitido. Entramos a la factoría del guineo paso, en ese tiempo, lo que vimos fue aterrador: láminas de zinc, oxidadas, deterioradas e impunemente ‘desplazadas’ sobre bloques, como ‘cuna’ de torrejillas de guineo maduro, a sol y sereno, a merced de moscas, cucarachas, dedos ajenos, a la intemperie en pleno. Preguntamos, absolvieron interrogantes y salimos con la seguridad de que, pese a todo, ya no valía la pena vomitar. Mis dos compañeros de viaje se sintieron encartados con la provisión que compraron, antes del descubrimiento, en la tierra de Guillermo Buitrago.

Con el tiempo fue posible conocer el precepto bíblico, 2 Corintios, 4:18 “a cuantos no ponemos nuestros ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles; pues las cosas visibles son pasajeras, mas las invisibles son eternas.”
Hebreos 11:13 Por la fe entendemos que el universo fue preparado por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas visibles.

Hebreos, 11:1 1. La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. 2. Por ella fueron alabados nuestros mayores. 3. Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece (…).

Los ojos del alma

El Principito, el libro de Antoine de Saint-Exupéry que tantas enseñanzas ofrece en su contenido, contiene una de la mayor importancia: lo esencial es invisible a los ojos. Para algunos la frase apunta al destino correcto en cuanto a que la gran mayoría de las personas ponen su foco en las circunstancias, en lo que se ve, en las cosas urgentes, y no en lo importante. En eso, la naturaleza nos enseña a diario. El árbol inicia su crecimiento con la mayor disposición de sus hojas, y ramas si las tiene, para proteger algo que no vemos, lo más débil en ese momento, que lo es la raíz. El sostén fundamental para el proceso de crecimiento y desarrollo, lo cual se mantiene mientras la vida se manifiesta. Por eso, en ocasiones vemos árbustos, frondosos, florecidos, pero con frutos hepatiticos, notándoseles algunas dificultades que parte de alguna problemática en el raíz, es el caso del comejen, que sube, baja y se extiende por su ‘geografia’ vegetal, atacándolo de manera silenciosa y destructiva.

El pensamiento es una acción propia del ser humano y como quiera que en número amplísimo de casos, se deja al desgobierno personal el quehacer mental, cuando la incidencia es negativa el efecto desestabilizador, atortolador y hasta destructor, que en ocasiones lleva a la muerte, en vida o, de manera definitiva. El amor produce maravillas cuando lo activamos de manera espontánea y lo dejamos enseñorearse durante el ejercicio relacional en todos los niveles. Daño potente causa el odio por la misma razón.

Cantar para ver

En la música vallenata cuenta mucho esto, los mejores resultados se nutren de la raíz. Poncho Zuleta, Jorge Oñate y Diomedes Diaz, responsables en gran medida de la marcha triunfal de nuestra música, a partir de las ‘trochas’ que abrieron los dos primeros, con el concurso de no pocos y alcanzó el nivel mayor con el Cacique de La Junta, Diomedes Diaz. El Binomio de Oro, Rafael Orozco e Israel Romero, se apropiaron de la modalidad romántica e impusieron un nuevo estilo, pero no desatendieron las raíces musicales. Beto Zabaleta, Silvio Brito, Ivan Villazon, Adanies Diaz, Elias Rosado y todo ese racimo de cantantes, que al lado de buenos acordeoneros y con obras de compositores consagrados, conservaron la tónica, contributo inestimable para los logros alcanzados.

En el nuevo tiempo, Silvestre Dangond -sin dejar de lado el propósito de universalizar su canto-, Farid Ortiz, Peter Manjarrez, el Churo Diaz, entre otros, lo hacen, unos con mayor dedicación y fervor que otros. No obstante, enfrentan la creencia de que a la franja juvenil le apetece más la ola rítmica actual, que se aparta del vallenato, sin embargo es preciso señalar que mirar hacia los clásicos, escarbar y reinventarse a partir de esas páginas de oro creadas con desprendimiento y confianza sostenida en la grandeza musical del vallenato, es tarea que produce resultados de excelencia, abre puertas y materializa sueños.

Igual ocurre con la mazamorra de maíz biche, o nuevo como le llaman en la region sabanera. La mejor manera de posibilitar la degustación de esa maravilla es con el uso de los ingredientes y los procedimientos que usaba la inolvidable Carmen Sánchez, con punto austero de dulce sumándolo al sabor gratificante del maíz tierno. Hay quienes le raspan panela, con aporte en color, dulzor y ese resplandor artesanal que le da mayor consistencia al preparativo. Ni que decir de la chicha de arroz con cáscara de piña, toda una ricura inmarcesible. Se descubrió en el bolso de Liliana, por el reciente atraco de que fue víctima, que aparte del tanque de agua, que no le falta e hizo confundir al maleante creyéndolo full de alhajas, llevaba

también un recipiente cubular rebordante de chicha. Mi vecina por su parte, en plan de innovación, sustituye el arroz, con garbanzos. Ya podrán imaginarse el mazacote. No hay como lo clásico.

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