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Caja de Poemas

Paranoia

Escrito por Hanner José Freyle Nieves.

La noche fue tensa y desesperante, a pesar de haber tenido un sueño muy denso y profundo, amanecí cansado como si me hubieran dado una garrotera;  pase toda la noche soñando, soñando locuras en blanco y negro. Me desperté muy nervioso, con un fuerte dolor de cabeza y un fastidio intenso en el brazo izquierdo, sobre el cual, supongo haber dormido toda la noche; Sentí en el día una sensación extraña y en mi cabeza de manera involuntaria se proyectaban las imágenes de los asesinatos selectivos de la semana anterior. Me bañe sin aliento y me obligue vestirme, de pronto  un sonido intolerante me volvió a la realidad cotidiana, un avance de noticias, le daba la bienvenida a la semana que inicia. Un joven de quince años asesinó a cuatro parroquianos con una pistola calibre 45, no sé de que manera pero sentí como si uno de ellos fuera yo, entonces volví a soñar locuras, un tormento inmenso de recuerdos golpeaba sin compasión alguna en mi mente aturdida, como la de la madre que su hijo mongólico resulto ser un terrorista abatido en combates. Vestido como tal, había pasado a engrosar la lista de los muertos  que con orgullo mostraba nuestro único gobernante a los organismos internacionales de derechos humanos en su lucha contra los terroristas que ponen en peligro la democracia de los pueblos. Por unos instantes me sentí incapaz y débil ante la guerra sin sentido que el gobierno de turno, como política estatal, había implantado como la única salida a los problemas internos y externos del país. No sé cómo ni cuándo resulte en una destartalada buseta de servicio público con un golpeteo de chatarra que me trajo de nuevo a la realidad, por un largo rato no supe donde estaba ni hacia donde iba, entonces decidí bajarme del intenso vehículo.

Eran aproximadamente las ocho y  treinta de la mañana cuando por mi olfato me percaté de la presencia de comida en un lugar muy cercano, olfateando cual perro  callejero fui a dar a un improvisado restaurante invasor del espacio público, sólo cuando estaba allí me di cuenta que no había desayunado, un penetrante  olor a condimentos disparo de mi inconsciente una orden perentoria “un caldo” al sentarme descubrí a mi frente una imponente clínica nacida de las entrañas de la ley cien, al borde de la quiebra porque la gente se enferma “por no dejá”. Una joven de no más de trece años colocó en la mesa un plato humeante, una cuchara y una arepa blanca, grande y delgada que me recordó mi primera comunión ¿por qué el cuerpo de Cristo para el obispo es más grande? Me concentre en el plato olfateando el aroma que se desprendía al soplar con vehemencia el liquido caliente, tome la primera cucharada y al llevármela al la boca una fuerza maligna me hizo tomar la porción sin percatarme que estaba muy caliente. Se me quemo el alma y por mis ojos manaron lágrimas hirvientes, me ardió la garganta y en mi estómago sentí una llama encendida que me produjo un dolor mortal, por unos instantes cerré los ojos y al abrirlos me encontré con la realidad; a pocos metros,  frente a mí; estaba un joven de exactamente quince años, con unos  ojos de sospecha ineludible, una sensación de miedo se fue apoderando de  mí: Frio, calor y temblor recorrían todo mi cuerpo. El sicario sonrío, yo era su próxima víctima; un buzo negro, una gorra negra, unas gafas negras, un jean envejecido y unos tenis de experto  caminante en ventanas de cristal, no dejaban la más mínima duda de  quién estaba cercano a su cometido. Compulsivo e involuntario tome de nuevo la cuchara y el joven frívolo y parsimonioso se levantó, sin quitarme la mirada se dirigió  hacia mí; autómata e inconsciente incline la cabeza buscando la cuchara,  sonó el primer disparo como una pedrada en una lámina de acero, fue certero en la cuchara y el impacto proyectó un sonido metálico que partió el plato en dos y descargo toda su velocidad en la cuchara que me entró por la boca y salió por la nuca, volví a sentir el quemón de la sopa, ya no en mi estomago ni en ninguna parte de mi cuerpo, cuando comencé a desvanecerme el asesino mostró una alegría inmensa y en un efusivo saludo disfrazó otro disparo; este segundo impacto desconectó las piernas de mi cuerpo, caí al suelo inmerso en un charco de sopa caliente y comencé a entrar raudo  por un túnel con una luz metálica que me conducía sin rumbo fijo, hacia el infinito; en mi viaje inconsciente escuche una voz desesperada desde la clínica que denunciaba la muerte de alguien “me lo dejaron morir, fue negligencia de los médicos, me lo dejaron morir, Dios mío hasta cuándo tanta injusticia” ; la policía llegó a inspeccionar mi cadáver y en una forma muy natural y rápida a uno de ellos afirmó “al parecer es un ajuste de cuentas”. Inmóvil e inconforme me dolía ver como la muerte era un acontecimiento normal sin ninguna importancia en la cotidianidad de mis días. El sonido desesperante de una sirena hizo que los curiosos por unos segundos me ignoraran, una ambulancia hacia su arribo con un joven de quince años que había muerto en un enfrentamiento con la policía.

Profe, me encanto verlo, me extraña que no se acordara de mí.

Es que tú no fuiste ni bueno ni malo.

El joven salió contento y allí quedé yo tirado en el suelo. Desde lejos se escucho Un grito suave  ¡Oiga ya pague la sopa!

7 comentarios

  1. Un texto de agradable lectura por la magia que le imprime su lenguaje. Leer su texto es reflejar la cruda realidad de Colombia.

  2. Hola Papi hasta hoy lo pude Leer… Definitivamente Dios te dió un Don … El don de Transmitir hasta las más crudas realidades de manera sutil y poética q llegan hasta lo más profundo …. Un cruel y triste realidad contada a través de un sentimiento q experimentan muchos en su diario vivir !!!

    Muchas Felicidades papi … Espero poder leer más escritos como estos … Q se q te alimentan el alma 🙌🙌🙌😘😘😘

    María Mónica Freyle Pitre.

  3. Leer cada una de sus palabras revive lo que día a día sucede en nuestro país. A veces pensamos que lo que sucede es solo un sueño pero al enfrentarnos a la realidad nos damos cuenta que estamos viviendo en un mundo lleno de personas que solamente buscan su bienestar pasando por encima de los demás. Es hora de actuar y defender nuestros derechos.

  4. Interesante escrito que desnuda la realidad de un país sin destino y sin gobierno real. Felicitaciones, profe Hanner.

    Una paranoica susbtancia, yace en el encuentro y desencuentro de los protagonistas.

    Bastante bueno su labor.

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